"La AFP no podrá resistir al cambio de estatuto que se le prepara" - Por Claude Moisy, ex presidente del consejo ejecutivo de la AFP

Claude Moisy dirigió la Agencia de 1990 a 1993.

La AFP no podrá resistir al cambio de estatuto que se le prepara

Por Claude Moisy La agitación provocada por las especulaciones sobre un eventual cambio del estatuto legal de la Agencia France-Presse (AFP) me lleva a violar por primera vez la regla de que un ex presidente (director general) de esta empresa no debe inmiscuirse más en sus asuntos. Lo hago porque estoy convencido, después de haber "vivido" cotidianamente la AFP durante treinta y cinco años, que la agencia sólo puede continuar existiendo con el estatuto bastardo y aberrante de que fue dotada cuando el Parlamento la desnacionalizó en enero de 1957. Sí, es cierto, la AFP es una anomalía jurídica y financiera, una realidad imposible. Este "organismo autónomo" debe funcionar "según las reglas del derecho comercial", pero carece de capital y de accionistas. Y lo que es peor, está administrado por sus clientes ! La ley de 1957 estipula también que debe financiarse mediante la venta de sus servicios. Pero cuando esta ley fue adoptada, la AFP sólo obtenía comercialmente el 20% de sus costos de funcionamiento. El resto provenía de fondos públicos llamados púdicamente "suscripciones del Estado", para no hablar de subvenciones, embarazosas para una empresa de información. Esta contribución gubernamental representa, aún en la actualidad, 40 % del presupuesto de la agencia. En resumen una empresa bastarda que no debería existir en el mundo de la economía mercantil, pero que funciona desde hace cincuenta y dos años. Y que no funciona tan mal porque es, con la estadounidense Associated Press y la británica Reuters, una de las tres únicas agencias de prensa “globales” que recogen información general en el mundo entero y la venden así mismo. Sin embargo ha sido siempre la más frágil de las tres, antes de que la revolución de las comunicaciones provocada por Internet las estremeciera a todas. Associated Press, cooperativa de la gigantesca prensa norteamericana, ganaba lo suficiente en su territorio nacional para financiar lo que perdía en el resto del mundo Desde que Reuters se transformó en instrumento de los mercados financieros a comienzos de los años 1980, la actividad deficitaria de la información general para los otros medios terminó por convertirse en marginal en su volumen de negocios y pudo ser subvencionada por las ganancias realizadas en los mercados financieros. La AFP, con su pequeña base nacional y el francés como lengua de trabajo, jamás ha tenido las mismas posibilidades. Sin capitales, ha podido financiar las inversiones necesarias a su adaptación a las nuevas tecnologías de la comunicación gracias a los préstamos del Estado... no siempre reembolsados. La financiación parcial de la AFP es un elemento de la ayuda multiforme del Estado a los medios franceses que, sin ella, dependería de dos agencias anglosajonas para sus informaciones del exterior. Hasta ahora siempre ha habido un consenso en el mundo político y la alta administración para considerar que la existencia de la AFP es conveniente para Francia. La influencia y el prestigio atribuidos al instrumento compensaba, se creía, el dinero que costaba. Se puede ver ahí una noción gaullista, al estilo del avión Concorde, que denota una ilusión de grandeza, pero el hecho está ahí, inevitable: la AFP sólo existe por la voluntad del Estado francés. Hay otra anomalía en la aventura de la AFP. Pese a su dependencia financiera del Estado después de que se volvió independiente en 1957, ha cesado progresivamente de ser considerada en el extranjero como una agencia gubernamental. Por el contrario, ha adquirido la reputación de un abastecedor de informaciones fidedignas. La competencia ha dejado de argüir que su parcial financiamiento público constituía una ventaja desleal y respeta su profesionalismo. Esto se debe a la calidad de una gran parte de su personal y a la regla paradójica formulada por Jean Marin, uno de sus padres fundadores: “La AFP sólo puede funcionar si el que paga no es quien manda”. Tal precepto no siempre ha convencido a los gobiernos, de derecha o de izquierda. Se han presentado fricciones y tensiones. ¡Pero la agencia ha resistido ! Al parecer el consenso es ahora cuestionado al más alto nivel del Estado que promete una profunda modificación del estatuto-ley de la AFP. Sin conocer las intenciones de los responsables del dossier, quiero decirles que estoy convencido de que la introducción de intereses particulares condenaría a la agencia a una desaparición más o menos rápida. Es inconcebible que exista un empresario, una firma, una institución, diferente al Estado mismo, que invierta dinero durante largo tiempo en una empresa, estructuralmente deficitaria, sin esperar finalmente hacer rendir su inversión. Si se practicara esta “apertura” ello arrastraría tarde o temprano reestructuraciones, reducciones, reorientaciones que cambiarían radicalmente la naturaleza de la empresa al punto de hacerle perder su carácter global. Eso fue lo que ocurrió en los años 1980 a otra gran agencia de prensa mundial, la estadounidense United Press International (UPI), propiedad de una fundación familiar, obligada, por los estatutos, a desembarazarse de ella cuando comenzó a perder dinero. Al caer en manos de una serie de ambiciosos soñadores sin experiencia y de aventureros sin escrúpulos, sufrió toda suerte de transformaciones antes de desaparecer en menos de diez años. No digo que es indispensable que la Agencia France-Presse sea mantenida a cualquier precio en su estado actual. El gobierno de Francia, un país sobre-endeudado, puede legítimamente pensar que en la época de internet, donde cualquiera distribuye “informaciones”, la financiación de la antigua agencia mundial es un juego que ya no vale la pena. Puede por ejemplo considerar que una simple oficina nacional de comunicados le sería más útil y menos costosa. Si este es el caso, debe decirlo claramente en lugar de esquivarse y descargar el bulto de su desmantelamiento sobre personajes secundarios. Si no es así, y quiere que la AFP siga conservando su posición en el mundo, debe asumir sus responsabilidades. Claude Moisy es periodista, ex presidente-director-general de la Agencia France-Presse.